Juan Carlos Aragón anuncia el nombre de su comparsa para 2017. LOS PEREGRINOS

La primavera está llegando y, con ella, el renacimiento de los nuevos ciclos vitales, el de mi carnaval incluido. Aún de cuerpo presente el son de La Guayabera, los cálidos amagos del viento del Este me anuncian las nuevas músicas, que empiezan a rondar mis sentidos, esta vez, con un incontestable perfume canalla y maldito, de los que me gusta retomar cuando el amor cena en casa y los países se quedan tanto tiempo sin gobierno.

Pero antes de decirle adiós a este curso que se nos marcha, se me antoja balance, memoria, folio, ajuste de cuentas, disculpas, postre, café, copa y porro —sustituido en mi caso por regaliz—. El menú, tratándose de mí, no cuesta mucho. Especialmente el plato combinado de la disculpa. En mi debe he de presentar alguna a la comparsa del Creador y a la de Los Camellos, cuyos autores, familias o vecinos no supieron —o no quisieron— entender mi humor, o es que mi humor realmente no tuvo gracia ninguna para ellos, cosa que suele suceder cuando la hiel de la derrota amarguea por los labios —los míos en este caso— y las mieles del éxito repelen cualquier viento que no sople en dirección. Mas no me duelen prendas en usar el mismo medio que aquel día para ofrecérselas, en plural, las disculpas, a los dos. Aunque inintencionado, si puedo con esto reparar en algo el daño causado, pues que valga. Dice Antonio Martín que sólo soy un caballero de tarde en tarde, y ya hace tardes que no lo soy.

Pero a propósito de lo del COAC y el controvertido título de caballero, ¿sabéis si son compatibles? Cuando algún camarero, recepcionista de hotel o servidor en general se me dirige con el título de “caballero”, yo me lo borro inmediatamente recordándole mi nombre a secas. Caballeros eran los amigos del Rey Arturo, no los de Javi Bohórquez. Mi nombre empieza por Juan. Le sobra cualquier Don o Señor que quieran ponerle. No quiero ser más que un calvo con melena. Pero hay en la vida —y en el Concurso del Falla de modo especial—quienes pretenden conseguir el título de Sir felicitando públicamente a los que ganan, normalmente cuando ganan ellos también. Pero que va. Después, en los bares de esta ciudad, tan pequeña y en la que hablan hasta las paredes, ponen de vuelta y media a fulano, mengano, jurado, ninfa, musa, alcalde y patrón. Y al carajo el título de Sir. Se tienen que seguir conformando con el de Falso, que es otro título que tampoco anhelo. Confieso que los cinco tenedores me vienen grandes, pero tampoco es que coma con las manos. Digo esto también porque yo este año sólo he felicitado a Martínez Ares, y no en público, sino en privado, a mi manera, como creo que debe hacerse cuando es de verdad. Yo suelo felicitar a un rival cuando me ha fascinado su obra o cuando creo que ha ganado el premio que se merece, o las dos cosas. A mis rivales creo que les ocurre otro tanto de lo mismo. Será por eso que ningún año me ha felicitado ninguno rival directo, me refiero —ni por la obra, ni por el premio—. Hacer esto puede que no sea de caballeros. Pero prentender ir al COAC a ganar y a conseguir el título de caballeros es mucho pretender. Es más humilde conformarse con concursar dignamente aspirando al de Güenchavá, porque si los delirios hollywoodienses te traicionan puede que pierdas y encima quedes de falso. Aunque esto último en Cádiz se perdona de mejor grado que la excelencia. Además, no sé de dónde le viene ahora a los comparsistas esa obsesión por ser caballeros. En mi época el mejor era el Catalán Chico, y ese le daba una hostia al primero que soplaba. Otros procuraban mantener unas formas exquisitas. Pero no cantaban un carajo a su lado. Y yo iba al Falla. No a la Zarzuela ¿O acaso ha sido esto alguna vez un concurso de caballeros?

En el haber —en el mío, claro está— no tanto La Guayabera como el grupo que lo ha cantado. Soberbio. Elegante. Artista. Humano —cuánto lloró—. Y con una humildad que no sé de quién coño habrá mamado, pero desde luego no de mí. Qué tíos, joder. Desde luego, es para conservarlos per secula y darles otra obra para que se la puedan cantar al mundo con la esperanza de volver a ganar el Concurso, con su trabajo, su honor, su entrega y su dulzura. Y será una comparsa que, aunque por motivos distintos, tendrá mucho que ver con ellos y conmigo: LOS PEREGRINOS.